sábado, 24 de octubre de 2026

La vida enamorada.

 


La maestra dijo:
Estoy enamoradísima del Dharma.
Y también de la oportunidad de transmitirlo a la gente.
Y ella vio en su vida el vínculo profundo del Amor, esa conexión.
Y también el sentido de misión.
Le recordó a la hermana Estrella,
cuando la recibió en el monasterio de Sigena, algunas vidas atrás.
Estaba enamorada, dijo ella, de quién va a ser? De Jesús.
¿Después de 12 años de reclusión?
Cada día más, se rio.

Yo quiero eso, pensó ella.
En ambas ocasiones.
Yo quiero eso.



Sal, por favor, de la esfera del dharmakaya.
Sentía las palabras de la sadhana como si fueran propias.
Oraba con desesperación, o con fe, como quieras llamarlo.

Estoy enamoradísima del Dharma, dicen que dijo.
Y de la oportunidad de transmitirlo a otras personas.
Ella la recordó en sus primeros retiros en monasterios prestados.
La miraba bajar del coche, cargada con las compras, en sus funciones de servicio.
Sola, caminaba lentamente, sin prisa, como si ya hubiera llegado.
Se había hecho monja recientemente y estaba en una etapa de inspiración profunda, tocando el nirvana.
O al menos así la veía ella.
A veces se lo hacía saber en silencio, en un gesto espontáneo, inesperado, un abrazo por la espalda o algo así.
La monja solía decir:
M está borracha de bendiciones.
Sí, las tuyas, pensaba M.
No tenía que decirlo.

Así que con el paso del tiempo, la monja sigue diciendo: Estoy enamoradísima del Dharma.
Y ella se acuerda de la hermana Estrella, monja de clausura en el monasterio de Sigena, cuando la recibió para ofrecerle una celda para su retiro de silencio.
La hermana Estrella tenía un rostro radiante, iluminado por una belleza profunda, que emanaba de su interior.
Ella le comentó algo así como se te ve muy feliz.
Claro, es que estoy muy enamorada, dijo la hermana Estrella, que antes le había contado que llevaba doce años de clausura en este monasterio.
Muy enamorada? De quién?
De Jesús, de quién va a ser.
Después de 12 años?, preguntó ella, con cierto asombro.
¡Cada día más!, respondió la monja, como si acabara de escuchar una pregunta ingenua.
¡Cada día más!

Ella a veces sentía que el poder de su imaginación era tan débil.
("Pero por mucho que indague, oh, noble dama,
nunca tendré la certidumbre de que tu existencia sea verdadera.
Entonces, mi mente joven, cansada por sus conjeturas,
descansa en el refugio del bosque indecible.
Sal, por favor de la esfera del Dharmakaya".)

Tan débil, el poder de su imaginación.
Y necesitaba que la vida proyectara por ella.
Sal, por favor, de la esfera del dharmakaya.

Y aquí estaban las dos.
Su antigua maestra budista y la hermana Estrella.

Qué más quieres? Qué estás buscando?,
le había preguntado otra gran maestra años atrás, su primer referente.

Qué estás buscando?
No ves que todo ya está aquí?




No hay comentarios:

Publicar un comentario